Curso de Felicidad (Ricardo Eiriz)

1 Introducción
Lo que más me sorprende del hombre occidental es que pierde la salud para ganar dinero, y después pierde el dinero para recuperar la salud. Y por pensar ansiosamente en el futuro, no disfruta el presente, por lo que no vive ni el presente ni el futuro. Y vive como si no tuviese que morir nunca, y muere como si nunca hubiera vivido. DALAI LAMA
uando en el año 2009 decidí que mi profesión era SER FELIZ, no tenía ni idea de hacia dónde dirigía mi vida. Tras más de veinticinco años dedicados al mundo empresarial –en aquel momento era directivo de una gran empresa, y me había dedicado asimismo durante muchos años al mundo de la docencia en una escuela de negocios privada y a la consultoría estratégica–, decidí dejarlo todo para convertirme en un verdadero profesional de la felicidad. Tenía claro que ser un profesional de este tipo requería tener un conocimiento amplio de qué es la felicidad, qué la origina, de dónde surge, qué podemos hacer para lograrla…, en definitiva, debía conocer perfectamente los hilos que manejan la felicidad en todos nosotros. Tomar esa decisión me obligó a sumergirme en un proceso de investigación, análisis y experimentación. Leí centenares de libros, artículos y estudios, asistí a múltiples conferencias y seminarios, y visualicé documentales, películas y vídeos de todo tipo con un único objetivo: identificar dónde reside la felicidad y cómo puede cada uno nosotros situarse en el nivel que desea experimentar en cada instante. Adopté una definición de felicidad que escuché del Dalai Lama. Según él, «la felicidad es el resultado de dividir la satisfacción por las necesidades». Este razonamiento me llevó a comprender que la felicidad es algo interno, que no depende en absoluto de elementos materiales o inmateriales externos a uno mismo, sino exclusivamente de mi interpretación de la realidad que vivo en un determinado momento. Llegado a este punto, mi investigación se centró en lo que realmente somos y en lo que determina nuestra forma de interpretar cualquier situación que vivimos. Entré en el mundo de la física cuántica y la epigenética o, lo que es lo mismo, lo que la ciencia más actual ha venido demostrando respecto a lo que somos y lo que establece nuestro comportamiento y nuestra realidad. Descubrí que nosotros y todo lo que nos rodea somos energía. Que cada persona y cada materia (solida, líquida o gaseosa) emite una frecuencia de vibración energética propia. Que la física nos dice que cuando dos energías se juntan, se suman y pueden entrar en resonancia constructiva o destructiva. Que el hecho de sentirnos bien o mal con determinadas personas, animales u objetos es el resultado de nuestra resonancia constructiva o destructiva con la energía que emiten. Que la física asegura que, debido a su magnetismo, las energías atraen energías similares y repelen las opuestas. ¿Te suena el refrán «Dios los cría y ellos se juntan»? ¿Y aquel dicho que afirma que «los perros se parecen a sus amos»? Ambos no son más que el reflejo de estos principios de la física. ¿Qué significa todo esto? Que atraemos a nuestra vida energías similares a las que emitimos, o lo que es lo mismo, si vibramos con una energía de tristeza, depresión, pesimismo o estrés, lo que atraeremos a nuestra vida serán situaciones y personas que entren en resonancia constructiva con esas vibraciones, de modo que haremos más fuertes esos sentimientos. Y al contrario, si vibramos con una energía positiva de alegría,
optimismo, confianza o seguridad, atraeremos hacia nosotros situaciones y personas que amplifiquen esas emociones. La ciencia también nos ha demostrado que la energía con la que vibramos cambia nuestro propio cuerpo. Las emociones negativas generan vibraciones energéticas que debilitan el organismo y causan enfermedades, mientras que las positivas fortalecen nuestro cuerpo y nuestro sistema inmunitario. ¡¡¡Perfecto!!! Saber todo esto me indicó el camino. Lo que debía hacer a continuación era profundizar en cómo controlar nuestras emociones, evitando que sean ellas las que nos controlen a nosotros. Tenía muy claro que la única que podía hacer eso era nuestra mente, pero no nuestra mente consciente, con su limitada capacidad de proceso, sino la subconsciente, responsable de aproximadamente el 95% de todas las decisiones y acciones que realizamos a diario. La mente subconsciente es como una madre superprotectora que nos lleva siempre por el camino de menor riesgo y sufrimiento, ¡según sus propios criterios, claro! ¿Y cuáles son los criterios que dirigen la mente subconsciente? Muy sencillo: el resultado de las experiencias vividas en el pasado. Si hemos sufrido un desengaño amoroso tras abrir nuestro corazón, en el futuro lo resguardaremos y difícilmente lo abriremos para expresar lo que sentimos. Si hemos tenido un problema en el trabajo por ser demasiado proactivos, en el futuro nos resultará difícil tomar la iniciativa… Nos vamos nutriendo de las experiencias vividas, vamos almacenando creencias en nuestro subconsciente y, sin tener necesidad de volver a pensar en ellas, este va dirigiendo nuestras vidas sobre la base de esas creencias. Esto es muy positivo en determinadas circunstancias, ya que habitualmente nos permite mantenernos libres de peligro, pero al mismo tiempo puede impedirnos vivir la vida que realmente queremos. Algunas de las creencias que almacenamos nos limitan a la hora de alcanzar las metas que deseamos o incluso de vivir del modo que nos gustaría. Sentimientos de inferioridad, miedo, derrotismo, ansiedad y muchos otros no son más que patrones generados como respuesta a situaciones vividas con anterioridad, que «teóricamente» nos protegen de males mayores. ¡Ya estaba muy cerca! Solo faltaba encontrar las herramientas que nos permiten acceder directamente al subconsciente para modificar esas creencias que nos condicionan. La investigación emprendida me había permitido tener muy claro que el acceso a la mente subconsciente no se podía realizar a través de la mente consciente, ya que esta funciona con una frecuencia de cuarenta ciclos por segundo, mientras que aquella funciona a ¡veinte millones de ciclos por segundo! Esta enorme diferencia de frecuencia hace físicamente imposible la comunicación. Es similar a lo que ocurre con las ondas de radio, que atraviesan las paredes sin prácticamente generar perturbación alguna en ellas. El resultado de este proceso personal, y sobre todo de la experimentación tanto en mí mismo como en muchos otros, me llevó a identificar diversas herramientas que tenemos a nuestra disposición para cambiar esas creencias y emociones que, a nuestro pesar, dirigen nuestras vidas. Recorrer este camino me permitió reconocer claramente que la felicidad es el resultado de una experiencia completamente interna, sobre la cual, si queremos, podemos tener un control absoluto. Lo único que necesitamos es alinear nuestra mente subconsciente para permitirnos disfrutar de la vida que deseamos y, por fortuna, eso es ¡relativamente fácil! En el libro Escoge tu camino a la felicidad y el éxito, recogí con todo detalle este proceso de investigación, incluyendo un análisis organizado y estructurado de un buen número de técnicas que nos permiten asumir el control de nuestra vida. Un curso de felicidad es una obra muy diferente. Se trata de un libro eminentemente práctico, que incluye una guía de desarrollo personal así como un conjunto de técnicas muy simples, derivadas de la investigación científica sobre la Teoría de la Dominancia Cerebral, así como de la antigua sabiduría sobre mente/cuerpo, que te permitirán integrar dicho desarrollo de forma rápida. Más allá de los conocimientos, la experiencia práctica es, sin duda, lo más importante que obtendrás de estas páginas. Te invito a no creer ciegamente nada de lo que aparece en ellas. Ponlo todo a prueba, experimenta y observa los resultados. Si lo deseas, puedes tomarlo como un juego, pero ten presente que lo que vas a aprender puede darle un vuelco a tu vida.
OBJETIVO El objetivo de Un curso de felicidad consiste en guiarte paso a paso, facilitándote un camino que te permitirá avanzar rápidamente hacia tu propio equilibrio interior. Haberme convertido en profesional de mi propia felicidad me ha permitido ser consciente de que en realidad todos deberíamos ser profesionales de nuestro desarrollo personal. Este desarrollo va más allá de una profesión, de un hobby, de una relación… Es mucho más que eso, y al mismo tiempo lo engloba todo y permite alcanzar un mayor nivel de conciencia y de excelencia en todos y cada uno de los ámbitos de nuestra vida.
Todos deberíamos ser profesionales de nuestro propio desarrollo personal.
Estamos en esta vida para aprender y evolucionar como personas. Convertirnos en expertos de nuestro propio desarrollo personal no nos permitirá tan solo alcanzar las metas que nos propongamos, sino obtener lo que para Aristóteles era «el propósito de la vida, el objetivo y el fin de la existencia humana: la felicidad». Mi objetivo es que una vez finalizada la lectura de este libro (siempre que realices correctamente los ejercicios) no hayas disfrutado únicamente de un proceso de desarrollo interior, sino que además te hayas convertido en un experto en tu propio desarrollo personal, que hayas aprendido a comunicarte con tu subconsciente y a reprogramarte para transformar aquellos patrones de comportamiento que te alejan de cómo te gustaría ser en todo momento.
A QUIÉN VA DIRIGIDO Todos necesitamos evolucionar y desarrollarnos como personas. Algunos, entre los que me incluyo, hemos dedicado bastante tiempo a buscar algún camino para llevar a cabo este proceso con garantías. Otros no han podido hacerlo, o quizás ni se lo han planteado. Por desgracia, la sociedad en la que vivimos nos ha generado una serie de patrones de comportamiento y obligaciones, relacionados con miedos y apegos, que llevan a dejar de lado el desarrollo personal en pro del mal llamado «beneficio social» (ser un buen trabajador, comprarte una casa y pagar la hipoteca, tener hijos y llevarlos al mejor colegio posible, comprarte un buen coche…). Un curso de felicidad va dirigido a todo el mundo, pero especialmente a aquellas personas que no han encontrado todavía el camino para emprender esa transformación interior. Ocuparse del desarrollo personal propio es algo positivo y necesario, que dice mucho a favor de aquel que lo realiza. A pesar de ello, como medida de protección, hay quien difunde la creencia contraria, intentando evitar el desarrollo de los demás. Muchos individuos, influenciados por esas creencias erróneas e interesadas, difícilmente pedirán ayuda o buscarán herramientas para llevar a cabo el tan necesario proceso de desarrollo personal. Son especialmente ellos los que más beneficio obtendrán de este libro, ya que por medio de la aplicación de técnicas simples, aunque poderosas, podrán abordar de forma autónoma y privada su proceso de transformación, así como convertirse en profesionales de su propio desarrollo personal. Hay un colectivo al que, por encima de cualquier otro, me gustaría llegar con este libro: los niños. Ellos son los líderes del futuro y los responsables de dar un giro radical a este planeta. Convertirse en los dueños de su subconsciente desde una edad temprana les otorga un poder y una seguridad en sí mismos increíbles, y augura una vida, tanto individual como colectiva, llena de felicidad y éxito. Poner en práctica las enseñanzas de este libro y, en consecuencia, beneficiarte de ellas, no requiere tener unas habilidades especiales ni un determinado nivel cultural o de estudios. Tampoco son necesarios largos procesos de aprendizaje o entrenamiento. Basta con seguir las instrucciones para iniciar tu proceso de desarrollo y poder disfrutar de esa experiencia tan enriquecedora.

CÓMO LEER ESTE LIBRO Como irás viendo a medida que avances en la lectura, Un curso de felicidad es un libro práctico que te permitirá obtener resultados casi de inmediato al ir realizando los ejercicios. Esta inmediatez en los resultados genera una motivación especial para continuar adelante. Aun así, es recomendable que realices una primera lectura de todo el libro para conocer la dimensión del proceso en el que te estás introduciendo. A continuación, vuelve a comenzar deteniéndote en cada uno de los ejercicios y ponlo en práctica. Al hacerlo, estarás eliminando de tu vida aquellas partes de ti mismo que menos te gustan, y te estarás convirtiendo en quien realmente quieres ser. Cuando vayas a realizar los ejercicios, es muy importante que escojas un lugar reservado y tranquilo, donde tengas la seguridad de que no te molesten o interrumpan. Evita hacerlo en lugares públicos. En su libro La felicidad en el trabajo… y en la vida, Santiago Vázquez finaliza con una frase que comparto, y que en cierto modo se halla en el origen de este libro: «El hombre más feliz es el que contribuye a la felicidad del mayor número de sus semejantes». Tu futuro empieza ahora. ¡Que lo disfrutes! RICARDO EIRIZ


Pongámonos en contexto
Lo que ahoga a alguien no es caerse al río, sino mantenerse sumergido en él. PAULO COELHO
l primer paso que vamos a dar para alcanzar el tan ansiado equilibrio interior, que nos llevará a disfrutar de una vida de felicidad y éxito, consiste en entender cómo funciona el mundo en el que vivimos y cómo funcionamos nosotros mismos. En este capítulo se establecerán los pilares de conocimientos que permitirán soportar la nueva estructura de creencias y valores que se irán construyendo gradualmente en los siguientes capítulos. Por ello, te animo a ir reflexionando sobre los conceptos aportados a medida que vayas avanzando en la lectura.

¿QUÉ ES PARA MÍ LA FELICIDAD?

Mi propio desarrollo profesional en el ámbito de la felicidad comenzó por la búsqueda de una definición. Por el camino aparecieron muchas candidatas, pero me pareció que una destacaba por encima de todas. Se trata de una definición que pronunció en cierta ocasión el Dalai Lama, y que resulta simple en su formulación, aunque posee un profundo contenido en su interior. Según el líder tibetano, la felicidad es el resultado de la siguiente fórmula:
SATISFACCIÓN ———————-NECESIDADES
En el momento en que tomé conciencia de que tanto el numerador (satisfacción) como el denominador (necesidades) son factores completamente subjetivos, entendí que la felicidad es algo interno, que no depende en absoluto de elementos materiales o inmateriales externos a uno mismo, que no está condicionada a tener un coche u otro, una casa mejor o peor, una determinada pareja o incluso a ser correspondido en el amor.
La felicidad depende exclusivamente de la interpretación que hago de la realidad que vivo.
La felicidad se consigue gracias al control de nuestra vida interna, y es algo que se da exclusivamente en el momento presente. Solo podemos ser felices o dejar de serlo ahora, en el momento actual. Cuando nos focalizamos emocionalmente en recuerdos del pasado, los estamos reviviendo y experimentando en el presente. Esa vivencia es la que determina nuestro nivel de felicidad en este instante, pero no afecta a la que sentimos cuando se produjo el momento recordado. Aplazar la felicidad a un momento futuro significa renunciar voluntariamente a ser felices en el presente, que es lo único que realmente tenemos, a cambio de una posibilidad futura sobre la que no existe garantía alguna. Además, en el supuesto de conseguir el objetivo, rápidamente deja de ser importante y, en consecuencia, ya no nos proporciona felicidad. Asimismo, un exceso de preocupación sobre lo que puede llegar a suceder en el futuro es otra forma de renunciar voluntariamente a ser feliz.


Solo podemos ser felices en el momento presente.
Un matiz importante que debemos tener en cuenta es la diferencia entre SER feliz y ESTAR feliz. Cuando soy una persona feliz, el origen de la felicidad está en mi interior. En cambio, si simplemente estoy feliz, el origen de dicho sentimiento puede venir del exterior, y por tanto no depender de mí mismo. Debemos basar nuestro desarrollo en ser felices, ya que de ese modo estaremos asumiendo en primera persona la capacidad de sentirnos felices en cualquier instante. Estaremos también en disposición de no dejarnos influir por los acontecimientos externos a nosotros mismos a la hora de darnos o quitarnos momentos de felicidad. Cuando una persona basa su felicidad simplemente en estar feliz, con facilidad se encontrará inmersa en una dinámica de poseer cada vez más objetos, relaciones, sensaciones, experiencias, etc., y estará poniendo en manos de la consecución de esas metas externas sus momentos de felicidad. De este modo, esas mismas metas externas no alcanzadas se convertirán en fuente de momentos de infelicidad. Desde niños nos han hecho creer que somos tremendamente afortunados por vivir en un país desarrollado, más rico que nunca, en el momento tecnológicamente más avanzado de la historia, con más derechos y beneficios sociales que ningún otro. Por tanto, tendría sentido pensar que nuestras vidas deberían ser más felices que las de todos aquellos que nos han precedido. Pensemos por un momento en nuestros abuelos, que vivían en un pasado «primitivo»: ¿serían realmente más felices si vivieran ahora? Según lo que
se nos ha hecho creer, la respuesta debería ser afirmativa, pero basta con pensar en ello durante unos minutos para percatarnos del error. En la actualidad, una importante crisis económica nos está sacudiendo y arrastrando a una situación de infelicidad generalizada. Aun así vivimos en el momento de paz más prolongado de la historia de Europa, los estándares de bienestar son mayores que en ninguna otra época, los comercios disponen de más variedad de productos que nunca, tenemos más posesiones en casa de las que cualquiera de nuestros antepasados hubiera podido soñar… ¿Y realmente crees que tus abuelos serían más felices ahora? Por supuesto que no. Ni el dinero, ni el poder, ni la posición social, ni las posesiones, por sí mismos, son fuente de felicidad.